jueves, 29 de noviembre de 2007

NEGRA FLOR



A todos los que visiteis este blog, deciros que este viernes 30 de noviembre a las 23:30, el dúo Malkavian vuelve con fuerza para ofreceros de nuevo un concierto, un sueño y otra de sus muchas locuras.


Tal vez no seamos lo mejores, pero somos con diferéncia los que le metemos más morro.


El lugar es la Negra Flor, muy, muy cerquita del Clap, y ya que parece que en el legendario Clap se han animado a distorsionar nuestros oidos con música como la Macarena, mueve tu culo, David Bisbal, Shakira y otros artistas y temas deplorables, os aseguro que una de versiones que abarca de los 60 hasta los 90, será de agradecer para nuestro olvidado buen gusto.


viernes, 16 de noviembre de 2007

MATARÓ ARDE



Hoy he hecho ruta. Del bar al hospital y del hospital a comisaria, y de comisaria a casa. El paisaje más bello del mundo lo encuentro frente a mi ventana:
El centro de natación está ardiendo. He hecho algunas fotos. Es precioso. Lástima que mi cámara sea de carrete y deba esperar un tiempo a revelarlas. No es broma.

viernes, 9 de noviembre de 2007

NO VAMOS BIEN



Por el suelo, crugen almas bajo mis pies
por el suelo, charcos de lágrimas, todo del revés
por el suelo, sueños rotos puestos en papel
por el suelo, tantos amigos que no van a volver

Por el suelo, quien bien te quiere, te hará llorar
por el suelo, ¿cuál es mi locura? Es querer amar
por el suelo, juego sucio no implores más
por el suelo, toda esta rabia tengo que alejar

Y al final tampoco estoy sola
cuando salgo tengo con quien jugar
amigos efímeros que no piden nada
tan sólo un soplido de felicidad

Por el cielo, lo miro todito siempre ha sido igual
por el cielo, me engaño y me digo: no estubo tan mal
por el cielo, añoro a aquellos que dejé atrás
por el cielo, no añoro ni el daño ni la soledad

Por el cielo, no rugen mis tripas cuando abro los ojos
por el cielo, por mucho que digan ya no me sonrojo
por el cielo, que sigan diciendo, a mí me da igual
por el cielo, si estás en lo mismo, yo, amigo, te acojo

Y al final tampoco estoy solo
cuando salgo tengo con quien jugar
amigos efímeros que no piden nada
tan sólo un soplido de felicidad

Ya no me sonrojo
estoy en remojo
espera y espera que llego tercera
borracha y contenta ya no quiero cuentos

Escuchad vosotros que me conocisteis
habrá que romper, ya no quedan más chistes
viejos compañeros ya soy vieja perra
me paro y pienso
que no vamos bien

sábado, 3 de noviembre de 2007

EL AIRE QUE RESPIRAMOS



Elige la vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia, elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact-disc y abre-latas eléctricos.

Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos.

Elige ropa deportiva y equipos a juego, elige pagar a plazos en una ámplia marca de putos tejidos, elige el bricolage y quien puto eres los domingos por la mañana, elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura.
Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte.

Elige tu futuro, elige la vida.
¿Pero por qué iba yo a querer hacer algo así?

Yo elegí no elegir la vida. Yo elegí otra cosa.

¿Y las razones?

No hay razones.

¿Quien necesita razones cuando tienes cáncer?

Jódete.

Tu puedes ser el próximo.


viernes, 26 de octubre de 2007

MATARÓ MATA



La vuelta a Mataró ha sido una hóstia monumental contra la realidad. Las piedras han sido lanzadas una a una hasta abrirme la cabeza y hacerme sangrar. Imagino que sólo los donuts podrían entenderme ahora. Las lágrimas que cayeron en el avión de vuelta siguen haciendo el recorrido Barcelona-Berlin y las envidio un montón. Lástima que no puedan bajar en el aeropuerto y coger un taxi hasta Alexandreplatz para disfrutar de sus coloridas luces nocturnas y una copas en el Bang Bang servidas por Kay, uno de los chicos más guapos y más sonrientes de la ciudad. Allí todos bailan al ritmo del mejor Rock&Roll de los 60 y disfrutan de buenos conciertos cada semana al módico precio de 5 euros. Al revés que en Mataró, a los concietos la gente va antes de que empiecen y muchos se marchan cuando ha terminado.

En la ciudad gris son tanta las veces en las que uno se siente tentado a tirar la toalla que el agotamiento no tarda ni tres dias a surgir tras una vacaciones en una ciudad de verdad. Ahora mismo tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo. Me pregunto cuántos años les llevamos de retraso. Las caras de la gente no son de asfixia como uno puede encontrarse aquí a cada paso. Los sueldos son más elevados sin tener que trabajar tantas horas, y la comida, la ropa y los alquileres, más económicos. Allí son muchos los que viven solos por unos 400 euros al mes. La única condición es hablar alemán y no descarto la posibilidad de aprenderlo porque es un idioma precioso.

Mientras tanto, en una pequeña plaza de Mataró, hay un bar maldito por los peces gordos. La explicación sigue sin aparecer a pesar de las muchas teorias que rondan mi cabeza. Podría ser la lucha cultural que en mis tiempos de compañía teatral llevé a cabo contra el ayuntamiento devido al poco apoyo que se nos da a los artistas de la ciudad, podría ser la mafia que se mueve entre policia local y ayuntamiento, podría ser un enemigo oculto, podrían ser los vecinos, podría ser... la cuestión es que ahora sí. Mientras el conejo blanco se vino hasta Berlín para cambiarnos constantemente la buena suerte en mala, también hacía de las suyas en Mataró. Al llegar me he encontrado con que antes del 20 de noviembre Malkavian debe pagar 1.300 euros de multas por dos cosas que nunca sucedieron. Ni mi abogado se atrevió a reclamar. Dijo que sería una pérdida de tiempo y de dinero, es mi palabra contra la de la policía local y eso no tiene solución y menos en tiempos cercanos a las pagas dobles. Recaudación municipal, le llaman. Yo le llamo robo legal. Una multa por llamarles para pedirles ayuda porque teníamos a dos tipos violentos pateando la puerta y insultando a todo el mundo (ellos le llamaron queja de vecinos aunque en realidad fui yo misma la que llamé. Pero ha pasado más de un año y la llamada ha sido borrada), y otra por venir fuera de horas con el local en pleno funcionamiento y no sólo no quise dejar de servir y echar a la gente, sino que además a quien eché fue precisamente a los propios locales (yo le llamo entrar cuando todavía nos quedaban 10 minutos para tener a todo el mundo fuera, con el bar limpio, persiana medio bajada, sin música, sin servir ya a nadie y la rabia policial al ver que en el momento en que le dije a la gente que decidieran si querian salir del bar o no, todos pagaron y se fueron). 1.300 euros de mierda que no sé de dónde voy a sacar pero que por otro lado, espero sean la causa de muchos ataques al corazón (así se le llama a la muerte por consumo de cocaína) en el ayuntamiento y la policia local. Os aseguro que cada céntimo de esa multa estará tan podrido que no podrá causar más que mal a todos aquellos a quienes les caiga por primera vez en sus bolsillos.
En Mataró sólo queda una esperanza: lárgarse algún día a otro lugar.
Hay otra multa que queda pendiente. Ésta, aunque sea para partirse de la risa, al menos es real. El dia de nuestro primer aniversario, una maravillosa banda de jazz amenizó nuestra fiesta a primera hora. A pesar que la policia no hizo acto de presencia en el interior del bar para advertir de ninguna molestia, se nos multó un sábado 13 de mayo a las 22:43 (aquí es donde debeis partiros la caja), por ruidos y no tener permiso para hacer conciertos. ¿Lo pueden hacer? Sí. Pero eso no hace la cosa menos ridícula y más teniendo en cuenta que hasta las 12 de la noche se pueden tener las puertas abiertas y estan las terrazas en pleno funcionamiento. En el resto de locales donde se han echo conciertos, no se les ha sancionado nunca, han ido y han advertido sobre la ilegalidad del echo. A nosotros, los Malkavian, nos la han metido por el culo. La sanción puede ir desde 600 euros a 60.000 y 12 meses de cierre del local. Espero que cuando esté en la cárcel os acordeis de mi y me mandeis muchos e-mails de ánimo.


Hablaré más del viaje a Berlín en la próxima ocasión, cuando tenga las fotos. En un dia como hoy, tras todas estas buenas noticias que he tenido a la vuelta, no me ha sido posible.


miércoles, 26 de septiembre de 2007

A VECES EN SILENCIO, PERO SIEMPRE AHÍ



El verano sigue terminando. Lo peor de los buenos tiempos es cuando empiezas a saborear su final. Como en el último trago de una cerveza. Yo siempre se lo guardo a Chavela Vargas, ya que és el más amargo. Aunque últimamente me estoy planteando seriamente dejárselo a Edith Piaf, que me gusta muchísimo más. Los amigos vuelven de su descanso contanto infinitas historias de sorisas y lágrimas. Unos, morenazos como nunca les habías visto de un crucero a lo "vacaciones en el mar" (¿o no, Juli?) y otros, más desconcertados que nunca al averiguar que la madriguera del conejo se encontraba en Noruega (¿Nihm?). La mayoría nos hemos quedado o bien en Mataró, o bien en los alrededores de la Catalunya o España profundas. A algún niño inquieto de los que caminan en monociclo Le ha dado por visitar Lisboa y enarmorarse perdidamente de esa ciudad. Les observamos con ojos abiertos, sedientos de sus experiencias en el extrangero, a cada historia que nos cuentan, en nuestra imaginación, somos nosotros quienes las vivimos.

En Malkavian siguen ocurriendo cosas. Cosas íntimas y populares. De entre las populares, contaremos que en brebe, colgaré en esta pàgina las normas para participar en el cocurso para pintar nuestra persiana. El tiempo és limitado, pero suficiente como para ponerse las pilas y presentar un proyecto. El premio és bueno, y una cosa a tener en cuenta és que Malkavian no abre sus puertas hasta bien entrada la tarde, por lo tanto, la obra del artista ganador será expuesta al público en las horas de mayor esplendor que és cuando el sol brilla sobre nuestras cabezas y yo me encuentro durmiendo como buen Malkavian que soy (mentira a días).
Tenemos una persiana vacía en busca de una hada muy especial, el hada de la Absenta. La chica que deberà estar en el dibujo és todavía más especial para las pocas personas de Mataró que llegamos a conocerla. Los que no lo hicisteis mientras vivió, no os preocupeis, una vez hemos aprendido que no somos inmortales, sabemos en cambio, que somos eternos, así que una vez realizado el concurso, todos veremos un pequeño fragmento de ella en un hermoso mural.
Confío en la fortuna y confío en que el destino así lo quiera. A todos aquellos que os guste pintar en los grises muros de nuestra triste ciudad, a todos aquellos que conozcais a alguien que quiera mostrar su arte y no quedarse sólo con eso, sino que ir más lejos y completar toda una historia que todavía no encuentra final, a todos aquellos que quieran formar parte de una parte de la historia de una ciudad sin esperanza pero con personas que a sus años, los que sean, todavía deseen cambiar el mundo, contadles que estamos luchando, que vamos a hacer un concurso para pintar la persiana del Malkavian, una de las persianas más grandes y más hermosas del centro de Mataró, que con eso, estamos dando un paso más, que cada vez son más las persianas en Can Xammar que están manchadas por el color.

En breve, muy breve, las normas del concurso estarán aquí expuestas. Sino, en Malkavian, ya las podeis encontrar colgadas de sus paredes.

Hay que mostrarle a los nuestros el significado de la palabra belleza.


miércoles, 19 de septiembre de 2007

EL REPARTIDOR DE SUERTE


Saïd llevaba siempre en un bolsillo una bolsita lila cosida a mano que contenía el tesoro más maravilloso de todos. Eran piedrecitas muy pequeñas de cristal color rubí. Pero no eran de un cristal cualquiera. Cada uno de los cristales de Saïd reflejaba distintos colores de rojo. Cada uno tomaba forma de algo conocido cuando Saïd los miraba y a pesar de resultarle tan familiares esos trozos, cada uno representaba para él un inmenso laberinto, un misterio de luces y escarlata que debía descifrar. No recordaba cómo habían terminado esos tesoros en su bolsillo, pero sí reordaba que vivió una época extraña donde le sucedían cosas extrañas.- ¿Eres tú el que ha hecho las fotos?¡Dios míos! Era la chica más maravillosa que Saïd había visto en su vida. Algunos mechones rebeldes desafiaban la gravedad en un peinado mal recogido, la ropa l había saltado del armario para colocarse en su cuerpecito a su antojo mezclando colores imposibles, y su cara desigual dibujaba la más penetrante de las miradas, la más absurda de las sonrisas.- Sí, he sido yo – Respondió Saïd. El bar esa noche estaba lleno de amigos ya borrachos que venían a ver el arte de su colega expuesto sa por primera vez al mundo entero. Habían abierto botellas de vino turbio y llenado las mesas de pan con embutidos. Lo cierto es que las fotografías de Saïd ofrecían un ambiente todavía más cálido de lo habitual. A Antonio, el dueño del bar, se le veía contento.- Lo digo porque me he colado en una de tus fotografías.- ¿Cómo? – Quedó desconcertado.- Que me he colado en una de tus fotografías. Justo en la que estás mirando – Señaló la foto – Aquí, ¿me ves? Justo al fondo.Era cierto. Saïd quiso inmortalizar las callejuelas por las que de niño burlaba a la policía con los bolsillos llenos de botes de spray. Plasmaba su arte urbano en grandiosos dibujos llenos de vida, queja y color. Él y sus amigos habían pasado muy buenos tiempos entonces, al otro lado de las vías del tren, con sólo el mar por delante. Y allí estaba ella, salida de uno de aquellos dibujos más pequeñita aún de lo que era, y mirándole fijamente a él.- ¿Me viste? – Preguntó Saïd.- No lo recuerdo, pero parece ser que sí, porque te estoy mirando.
Claudia había sido la chica del grupo durante muchos años. Desde que empezaron a salir por los bares antes de cumplir los dieciocho. Le había pasado de todo y jamás encajó con ninguno de los hombres que había encontrado en el camino. Ahora lloraba desconsolada. Saïd nunca la había visto llorar y la abrazó. Claudia era una chica fuerte que siempre se enfrentaba con una sonrisa a los contratiempos. De un tiempo a esta parte ya no se veían tanto. Cada uno del grupo encaminaba su vida hacia cosas distintas.Saïd se acordó de su bolsita llena de tesoros. A Claudia siempre le habíangustado este tipo de chorradas, así que la abrió y sacó un pedacito de cristal.- Este cristal es mágico – Empezó Saïd – Refleja la parte de uno mismo que no queremos ver y nos da soluciones. Seguro que te trae suerte.Saïd no creía en absoluto en lo que acababa de decir como nunca creyó en Alá, el dios de su madre. A Saïd le gustaba ejercitar su imaginación contando historias. Pero lo cierto es que pronunciando esas palabras, encontró una primera explicación hacia ese enigma que tanto le perturbaba, y aunque la idea le resultó, en un principio, descabellada, descabellado también le habría parecido imaginarse alguna vez compartiendo con Claudia momentos más intensos que los que conllevan una simple amistad, y así fue. Cuando terminaron, Claudia fue a su casa con su cristalito y Saïd se quedó mirando con gran añoranza a la chica de la fotografía de los graffiti.
La chica menuda de la cara desigual tenía un nombre. Saïd ahora no podía recordarlo, pero seguro que tenía uno. Se veían en el piso que Saïd compartía con dos amigos. En el cuarto de Saïd las paredes contaban relatos. Aprendieron juntos que el universo entero se reflejaba en cada uno de los detalles; En una cama que tiene su propio sonido y habla si se la hace hablar, en los espejos que chirrían al contacto con la piel y el sudor, en el delicado estallido de un horrendo souvenir de cristal indefenso ante el descuido de un empujón carnal, y en el falso silencio que queda después, cuando todas las cosas animadas se ponen a comentar…Aquella habitación era para Saïd el mundo entero. Hablaba a la oscura noche desde su ventana, escribía deseos en las paredes que quedaban ocultas tras los muebles, creaba melodías golpeando con lápices, bolígrafos y rotuladores en todo cuanto diera un sonido peculiar con el que construir curiosas melodías. Un día despertó y salió de su cuarto. Sus compañeros de piso habían cambiado y ni siquiera le sonaban sus caras. Ellos le miraron con la sonrisa hacia adentro y disimularon creando una atmósfera de falsa realidad.- ¿En serio que no te acuerdas? – Preguntó muchas veces la chica menuda a Saïd.Él no recordaba nada, nada en absoluto. A Saïd le estaban ocurriendo cosas muy extrañas.
Penélope era del barrio. Saïd se la cruzaba casi todos los días en esa hora en que abren los comercios en su segundo turno. Era mayor que él y muy atractiva. Sus piernas no padecían ni el calor ni el frío pues siempre usaba falda. Un día afortunado, las faldas de Penélope no quisieron salir de sus perchas y un discreto pantalón largo cubrió aquello que a todos hacía dar media vuelta mientras cogían del brazo a otras. A Saïd, esa tarde, Penélope le pareció más guapa que nunca. La miró tanto mientras cargaba una enorme caja que a duras penas lograba entrar en su portal, que en un descuido, la profundidad de sus ojos rebotó contra ella haciéndola caer al suelo, torpemente. Saïd corrió a socorrerla.- ¿Te has hecho daño?- Es que esta caja es imposible. Es una mesa nueva para el ordenador y pesa muchísimo.Penélope tenía un marido que pasaba la mayor parte del tiempo de su vida viajando de aquí para allá. Tenía un piso precioso. Decorado con muy buen gusto. Pasaron toda la tarde riendo mientras montaban, desmontaban y volvían a montar un poco mejor la mesa de ordenador. Esa mujer se sentía sola y Saïd lo estaba, así que se dejaron llevar.Cuando terminaron, Saïd recordó la gracia que le había hecho a Claudia, su amiga de banda, el número de las piedrecitas. Cogió un nuevo cristal rubí de su bolsita lila y se lo entregó a Penélope repitiendo el discurso de su magia.Era tarde cuando Saïd regresaba a casa y se cruzó con Claudia que pasaba por allí. Le saludó emocionada. El cristalito que le había regalado le había traído suerte. En una semana se trasladaría a Holanda donde había conseguido un casi inmejorable puesto de trabajo como profesora de español. Allí podría empezar de nuevo y tal vez las cosas le fueran mejor.Al llegar Saïd a su cuarto, pasó horas mirando la fotografía de la chica desigual con ropas chillonas que tan bien se camuflaba entre las paredes pintadas.
Saïd no encajaba muy bien con sus nuevos compañeros de piso, así quedecidió independizase. Tal vez, su chiquilla quisiera vivir con él si tenían un lugar propio por el que pulular sin tener que cruzarse con ningún extraño por los pasillos. Su nuevo hogar, no era muy grande pero suficiente para los dos. Allí colgó lafotografía en una de las paredes de su cuarto. No le preocupó demasiado el resto de la decoración. Su novia, porque eso sí que lo tenía claro, aquella chiquilla de curiosas maneras era su novia, se instaló con él al poco tiempo. Pensaba en ella cuando compraba los muebles para su nueva casa, también cuando compró la vajilla, las cortinas, la ropa de cama, su propia ropa de vestir. Se acordaba tanto de ella cuando no la tenía a su lado, que apenas se acordaba ya de la última vez que habrían estado juntos. Pero eso a él no le importaba. Su amor era mucho más grande que todo aquello.- Siempre estás en las nubes. No sé si podré soportarlo mucho tiempo.- Te amo – Dijo Saïd.- No basta con eso. Debes hacerlo de algún modo que yo pueda sentirlo, que sepa que lo que dices es cierto.- Te amo, es cierto.
Saïd echó sobre la mesa del comedor todos sus cristales mágicos. Jugó con ellos buscando formas nuevas, rejuntándolos, creando paisajes imposibles en rojo. Nolograba descubrir su significado, pero esos pedazos le decían cosas, porque no cesaba de descubrir nuevas inquietudes distrayéndose con ellos. Cosas sobre él mismo. Al marido de Penélope le trasladaron definitivamente a la ciudad, ella estaba muy contenta. Saïd descubrió que esas piedrecitas daban suerte de verdad, así que se decidió por repartirlas entre todas las mujeres que necesitaran de su magia. De chiquillo nunca tuvo mucho éxito con el sexo femenino, pero ahora era distinto, ahora tenía un tesoro y una historia que contar.- Este cristal es mágico. Refleja la parte de uno mismo que no queremos ver y nos da soluciones. Seguro que te trae suerte.Repetía esto una y otra vez a cada una de las chicas que calentaba de forma efímera su frío interior. Todas ellas fueron después un poco más afortunadas. Tanto corrió la voz de la magia de Saïd, que pronto las mujeres se amontonaron en su portal, en los bares que más frecuentaba, a su salida del trabajo en el mercado… A Saïd cada vez le importaba menos que fueran guapas, simpáticas, o gozaran de alguna virtud. sabía que sus piedrecitas eran mágicas de verdad y se desvivía por hacer a todas esas criaturas, un poco más felices. Pero algo en su interior se iba quedando seco, lleno de nostalgia. Por cada piedra que regalaba, algo moría en su frágil alma de soñador, y más amaba y más lloraba por aquella muchacha que había perdido en algún momento de su vida que no lograba recordar.Llegó el día en que estando con Maria, la camarera del bar que frecuentaba por encima de todos, se dio cuenta que sólo le quedaban dos cristales. Le entregó a Maria uno de ellos y volvió a su cuarto con un profundo ataque de ansiedad. Una vez sentado frente a su fotografía, la chica minúscula que allí había, se puso a hablar.- Eres un gran imbécil.- ¿Cómo? – Saïd quedó boquiabierto. La chica no sólo hablaba dentro de ese rectángulo, también se movía con total libertad.- Quieres pensar de una vez. Me refiero a pensar por ti mismo ¿Por qué no te paras un momento y piensas de una puta vez?La chiquilla de la foto parecía muy enfadada y volvió a quedarse inmóvil en su retrato.
- Me voy. Ya no puedo soportarlo más. Y se fue. Esas fueron sus últimas palabras. La chica menuda sujetaba un pañuelo lila con el que iba secando las lágrimas que caían incesantes por sus mejillas desfiguradas. El pañuelo cayó al suelo justo antes que diera su último portazo. Luz blanca. Brillante, muy brillante. Un estallido fuerte. El pecho de Saïd se abrió sin pedir permiso. La piel que lo envolvía se desintegró dentro de un “nunca más”. El pecho abierto, los ojos en blanco… por la boca se le iba la vida. Gritó. Gritó y lloró y estallaron cristales pequeñitos y rojos por todas partes. Durante los días que vinieron, Saïd se quedó en casa encerrado recogiendo pedacitos de si mismo y juntándolos dentro del pañuelo lila lleno de lágrimas de su amada. Cuando terminó, cogió el pañuelo y cosió con gran alevosía la que sería después la bolsa de los tesoros que llevaría siempre con él.
La chica de los mechones desafiantes a la gravedad tenía un nombre, y ese nombre era Esther. Ahora podía recordarlo.Saïd tomaba una caña en la barra de un nuevo bar que acababan de abrir. Unos grandes pechos le saludaron. Sobre ellos un cuello que pedía a gritos ser mordido y sobre éste, un rostro. Su mirada era demasiado recta para lo juntos que tenía los ojos y su sonrisa estaba torcida. Si no fuera porque Saïd estaba sentado en un taburete, hubiera jurado que la chica era más alta que él. A Saïd le temblaron las piernas a pesar de tenerlas bien apoyadas.- Ya no me quedan más cristales mágicos. - ¿Cristales mágicos? – Preguntó la chica.- Los he regalado todos.- Pues me parece muy bien. Mi nombre es Andrea. Soy nueva en la ciudad. Allí había gato encerrado. Saïd se disculpó y corrió al baño. Una vez allí abrió su bolsita ya sin lágrimas de Esther y extrajo la piedrecita roja que le quedaba. Era la más pequeña de todas y temeroso de perderla se decidió a comerla. Ya la recuperaría más tarde de entre sus heces. No era una brillante idea pero en esos momentos fue su única idea, y lo hizo. Un estallido de luz cálida dentro del baño de un bar. Su alma frágil ahora era fuerte, y de sopetón, boom, boom… boom, boom… boom, boom… sonaba tan fuerte… ¿Cómo podía toda una ciudad escuchar el latido de un corazón recién renacido? Pero su corazón no volvió jamás a tomar la forma de ninguna mujer aunque sus piernas fueran largas y abrazaran más que sus brazos, no volvió a tomar forma de ninguna mujer a pesar de sus orejas puntiagudas y sus pies afilados, no volvió a tomar forma de ninguna mujer a pesar de sus grandes pechos y su mirada demasiado recta, porque ese nuevo corazón debía ser protegido íntegro en si mismo, porque sólo de ese modo, el día que se decidiera a compartirlo, seguiría lleno y palpitante. Y así descubrió porque esos pedacitos de rojo rubí tenían tantos secretos y guardaban el mayor de los tesoros. A la mañana siguiente la chica de la fotografía se había marchado. Los dibujos ya no ocultaban ninguna criatura de color que mirara con ojos profundos. No había nada que buscar en ella, así que la descolgó de su pared y la guardó junto al resto de fotografías que había ido descartando.