sábado, 7 de julio de 2007

NADA



Atravesé la oscura puerta con la vana esperanza de encontrar nada. He visitado paraísos que helada me dejaron en días de sol, en tiempos sin guerras. He cruzado el tiempo como quien se deja robar el corazón y juré silencio al abrir los ojos y ver. He pensado mucho tiempo en volver pero desde donde estoy, se puede regresar siempre. He rozado pieles de ángel que bajaban para tocarme, de la umbría llegaron bellos y terribles espectros para adorarme y torturarme, de la luna cayeron rayos para iluminarme, de la magia adquirí hechizos para salvarme, del mar recordé el olvido y un dolor profundo, el cielo me dio nubes y las nubes sueños, la noche me dio vino, me dio vida, me dio estrellas bailantes, fuegos artificiales, lágrimas de luz, agujeros oscuros de paz, momentos tristes de felicidad, tiempos difíciles de prosperidad, desiertos de asfalto y laberintos de ciudad.

Hoy ya no corro por la vida. Hoy me he parado a pensar. No necesito de un lucero porque ya sé caminar. Aprendí a hacerme vieja sin tener más que ocultar. No importa que ya no me miren cuando cruzo por sus veras. Fueron ellos los que empezaron a mirar sin preguntar qué era lo que yo soñaba en vela. Jamás quise más sueño que el que precede al sueño ni más dueño que el que jugó mi juego. Que jamás pensé ser tan imbécil ni que imbécil tal besara mis labios. Que para dar por culo aquí me tienes aunque sé que alcanzarme aun puedes. No pienses que estoy tan segura de mi triunfo por verme fuerte y drogada de absurda felicidad. No pienses que me lo creo porque creo lo que veo creo que no veo ná. No jures que te tengo en descuido que te maldigo cien mil veces para así molestar ni pienses que malgasto tiempo y vida en fastidiarte y mentirte, en olvidarte y maldecirte, que vida más rica y más a mano no tengo que la mía para con ella jugar. Que más daño ya no te hago y que si juras otra vez que a ti te la jugué reiré y volveré a cuando era niña y recordaré todas esas mentiras que me acosaban sin cesar, en todos esos pecados que lloraba, en todo ese mundo que no me deja, que camina conmigo haciéndose cada día más y más fuerte, más y más grande, más y más fértil.

Anoche me vi como una guerrera. Llevaba armadura de plata y vestiduras de oscura piel. El aire azotaba mi cabello en lo alto de la colina. Caballos corrían abajo en el llano. Luz tenue y abundante calor para un sol de tarde.

lunes, 2 de julio de 2007

CARNE



Parten cuerpo y alma hacia sitios distintos
No puedo dominarlos,
Uno está despierto, el otro dormido

Cierro puerta a puerta las salidas de este mundo
Parto la baraja,
Primero me alegro, luego me hundo

Carne y hueso es nuestro cuerpo
Así es fácil de rajar
Cada día un nuevo cuento
Que nos mata sin piedad
Tic-tac cuenta nuestro tiempo
Bla, bla, bla… sin respirar

La esperanza hoy es difícil de alimentar
Los malos deformes
Ganan terreno, pierden humanidad

Tierra de humanos sin humanos surgirá
Adorando falsos sueños
Anhelando crueldad, repartiendo voracidad

Carne y hueso es nuestro cuerpo
Así es fácil de rajar
Cada día un nuevo cuento
Que nos mata sin piedad
Tic-tac cuenta nuestro tiempo
Bla, bla, bla… sin respirar



viernes, 29 de junio de 2007

REBELIÓN CULTURAL



Esta semana que viene, Malkavian se llena de cultura y nuevas propuestas.
No hay que repetir que el estreno universal de banda Malkavian en la plaza Santa Anna fue todo un éxito, al menos a nivel personal, aunque también de público, ya que no todos fueron amigos y conocidos, y aun así, bailaron y corearon los temas desde su posición discreta de espectador de Mataró. Una de las buenas noticias, va relacionada con nuestro dúo (por el momento, ya que la próxima semana ampliamos la banda). El sábado día 7, la CSOA la Fibra, cumple dos años de okupación con una larga lista de actividades a sus espaldas. Los artistas, informáticos y gente preocupada por temas sociales, han sido los grandes favorecidos de este centro. Han sido muchas las conferencias dadas y los talleres a los que se ha podido acceder de forma gratuita (casi nada). Una de las propuestas llevada a cabo por esta gente que más me ha sorprendido y gustado y en la que he participado siempre que he tenido material para presentarlo, han sido los Cabarets. Al principio eran cada varios meses, pero ya hace tiempo que estos Cabarets se realizan mensualmente. En todos ellos encontramos conciertos, teatro, danza y circo entrelazados con una económica cena y barra (muy rica, por cierto), para todos los asistentes. Éste sábado, habrá actividades todo el día, desde juegos para niños por la mañana, hasta un cercavilla por la tarde, y evidentemente, la cena, esta vez amenizada por la banda Malkavian (Es decir, Julián Pato a la guitarra y yo misma a la voz). Alguna versión nueva caerá para los que quieran repetir pero les auste encontrarse con lo mismo. Dos bolos, dos shows. esto será hacia las 21-21:30 de la noche. Después, podreis disfrutar del resto de actuaciones del Cabaret que serán muchas. ¿Qué sería de nuestra ciudad sin gente como nosotros? Llegando a los 30 y todavía nos quedan sueños por cumplir. De echo, a mí, se me reproducen como una plaga que nunca termina. ¡felicidades por estos dos años de actividad y que sean muchos más! tralará, tralará....
Otra de las buenas noticias que ha tenido Malkavian estos días, ha llegado de manos de Juanma sin Criterio. Él trabaja limpiando nuestra ciudad como basurero. Allí, encuentra un montón de tesoros para reciclar, entre ellos, libros. Estos libros ya no le caben en casa y Juanma busca un hogar para todos ellos. De momento serán unos 50 los que acoja Malkavian en su microcosmos. Así que en brebe, el "proyecto de Augie" (que es como se va a llamar en homenaje al protagonista de la película Smoke), tomará forma entre nuestras paredes. Pero no penseis que serán libros cualquiera. Todos ellos han pasado la censura de Juanma sin Criterio, que adora la lectura.
Y no contentos con eso, Malkavian, cede su espacio para que en él se rueden los títulos de crédito de un corto que dirigirá Tete junto a otros absenteros del bar y también para que un fotógrafo de Mataró (del que no diré el nombre hasta que termine ya que le asusta el resultado de su trabajo), haga una de sus sesiones.
Tenemos una semana completita y llena de cambios. Si consigo que me arreglen la persiana automática en los próximos días, habrá sido otra gran batalla servida con mucha gentileza. Otra patada a todos aquellos que se quejan y no hacen nada o sólo piensan en verde (y no me refiero a los ecoligistas ni a la Heineken).

miércoles, 27 de junio de 2007

DISONANTES




Sueñas cada noche conmigo
con tener algo efímero conmigo
los días que pasas en tu sueño
no son cuentas que te importen.

Pero al fin y al cabo
todo lo que deseas es efímero
durante meses inviertes tu tiempo
en algo breve i distante.

Nos sentimos a destiempo
sin coincidir en el instante
un abrazo fuerte por dentro
nos quema disonante
nos guardamos la saliva
con la mente en otra parte.

Yo a veces te sueño conmigo
con una vida entera contigo
durante breves momentos
en mi corazón te siento eterno.

Pero al fin y al cabo
sólo es a veces cuando lo pienso
mis efímeros y locos deseos
siempre se me quedan grandes.

martes, 26 de junio de 2007

NAYREA



Contaba con 8 años cuando papá se fue a hacer las Américas. Vivíamos en una pequeña casa de pescadores con dos plantas. Le recuerdo salir de allí por el umbral de la puerta con una maleta de viaje y una bolsa con comida prometiendo volver en breve para llevarnos con él. A los pocos meses llegó un pasaje para mi madre hacia Cuba y marchó también prometiendo regresar. Partió con tres maletas de viaje y dos bolsas con comida dejándome sólo con el abuelo. Jamás volví a saber de ellos.
El abuelo se empeñó en enseñarme las lecciones en esa época en que los niños de mi edad volvían a la escuela. No tenía amigos, los chavales se conocían todos entre ellos y yo a ninguno. Recuerdo las mañanas en el jardín, cuando el abuelo regresaba de vender la mercancía que durante toda la noche había estado pescando. Solía levantarme con un enorme vaso de leche caliente sobre la mesita y unas tostadas con azúcar y aceite que tomaba ya de pie en la cocina mientras le observaba a través de la ventana. Me gustaba verle regar las flores, las hortalizas y ese limonero. Cuando terminaba iba con él y allí empezaban las clases. Me hablaba de guerras, de números, de artistas, leyendas... Finalizábamos siempre con la lectura en el salón de algún cuento para niños que yo no solía creer pero que por el contrario, alimentaba mis sueños y mis horas muertas en la casa.
Todavía pienso en la mañana que por primera vez le escuché hablar de las sirenas. Fue precisamente en el jardín, mientras me contaba cómo todas las noches que había buena mar él y sus compañeros, cada uno con su red, cogían las barcas y se lanzaban a un oscuro y profundo océano bajo un manto de estrellas, con la luna sobre sus cabezas como única compañera y todas aquellas leyendas que se contaban mientras hundían las redes en el agua. Habló de aquellas criaturas con cola de pez y cuerpo de mujer que peinaban sus largas cabelleras con cepillos de coral utilizando la luna como espejo. Que igual que hermosas eran crueles y con sus cantos hacían enloquecer a marineros que tranquilos navegaban por las aguas saladas llevándolos a la deriva, estrellándoles en espigones, hundiendo sus barcas, provocando crueles tormentas.
Aquella noche fue inquietante y oscura. No había logrado ver una sola estrella brillar en el cielo cuando momentos antes había tenido que bajar al baño en un aprieto cruzando el jardín. El viento golpeaba puertas y ventanas mientras se agotaba la última vela que quedaba en mi cuarto. Había olvidado coger antes de repuesto. La casa se encontraba repleta de fantasmas y hombres del saco acechando a niños que se encontraban solos. Había intentado cerrar los ojos pero no había logrado dormir, así que permanecí horas mirando cómo la débil llama danzaba sobre la cera, obligándome a imaginar bonitas historias de hidalgos caballeros y valerosos piratas. Alguien, de pronto, aporreó la puerta de entrada. ¿Quién podía ser a esas horas? Descarté al instante la posibilidad que fuera un vecino en una visita de cortesía, así que decidí esperar. De nuevo aporreaban con ansia. Asomé la cabeza por el ventanuco que daba a la calle pero no pude ver nada. Pensé que tal vez ahora me tocaba a mí ser el héroe. Esa era mi casa y debía protegerla. Me armé con todo el valor que encontré y me dispuse a bajar por las empinadas y estrechas escaleras. El viento cada vez silbaba más fuerte a través de las paredes, la madera crujía bajo mis pies y de pronto, al fin, se consumió la vela. El valor de antaño se escurría por un infinito laberinto y pensando ya que todo aquello debía ser fruto de algún tipo de conspiración sobrenatural, salí disparado chocando contra cantos y muebles hacia el exterior para poder respirar un poco de aire fresco. Y fue allí cuando al fin abrí la puerta, cuando me encontré con esos dos tipos sujetando a mi abuelo que se presentaba medio desmayado y con una brecha en la cabeza que cubría su pelo y su rostro de sangre. Aquella imagen me congeló. Rápidamente me acerqué hacia la cocina en busca de velas para iluminar el salón. Sobre el sofá tendieron al abuelo diciéndome que estaba bien, que uno de los chicos había ido en busca del médico y no tardaría en llegar..
Yo no sabía si estaba bien o no, sólo sabía que también el sofá ahora se teñía con sangre, y que no reconocía su mirada en esos ojos perdidos en algún cielo. Al llegar el doctor con el joven, mi casa quedó invadida por desconocidos que educadamente me invitaron a acostarme y dejar la vida de mi abuelo en sus manos. Aquella noche cayó una gran tormenta.
Efectivamente, al día siguiente ya se sentía mucho mejor. Lucía unas vendas justo en el lugar donde tenía la brecha que cambiaba y limpiaba para evitar una posible infección. Pero algo en su mente se había distorsionado. Me contó que una fuerte lluvia les había cogido en alta mar la noche anterior. De pronto escuchó algo que parecía una voz a lo lejos. Pensó que tal vez alguien habría podido naufragar con el temporal y necesitaba ayuda así que fue hacia la voz haciendo caso omiso de la tormenta que se avecinaba. A medida que fue acercándose pudo oír la voz más clara y se dio cuenta que ésta pertenecía a una mujer que más que necesitar ayuda se regocijaba en su canto. Juró que era la voz más hermosa que jamás había escuchado. A partir de ahí no recordaba gran cosa: la tormenta cayendo sobre él, su barca hecha añicos a golpes de olas y una madera de ésta golpeando en su cabeza. El resto, sólo podía imaginarlo.
Ya no salía a pescar, no tenía con que hacerlo, aunque cierto era, también, que tampoco parecía apetecerle mucho. Ahora el abuelo prefería quedarse en su jardín hablando con sus hortalizas y distante de todo lo que le rodeaba. Empezó a sufrir unas horribles jaquecas que le hacían delirar, hablar de cosas que no lograba comprender con gente que no conocía, y entonces se ponía a repetir ese nombre: “Nayrea, Nayrea...”
La noche que se marchó, sufrió el peor de éstos dolores. Apretaba con fuerza la cabeza entre sus puños mientras gritaba y derramaba lágrimas de impotencia. Cualquier cosa que yo pudiera hacer parecía inútil, sólo respondía a sus propios estímulos, los que le provocaban el sufrimiento. De pronto, se levantó de la mesa y comenzó una carrera hasta la puerta de salida mientras gritaba sin parar que por favor callaran, que no le torturaran más. Yo le vi perderse calle abajo mientras decidido se dirigía a su mar. Quedé unos segundos escondido tras mi portal, asustado. Cuando llegué a la playa ya sólo pude verle a lo lejos mientras a carcajadas se dirigía hacia su perdición. Yo le grité desde la orilla que no se fuera, que no podía dejarme solo. Pero de nada sirvió que le suplicara. Aquella noche volvió a haber tormenta. No me extrañó en absoluto. A la mañana siguiente los pescadores me encontraron congelado allí donde vi marchar al abuelo con la esperanza que todavía regresara. Me acompañaron a casa y cuando me preguntaron qué le había ocurrido sólo pude contestar: “Se lo han llevado las sirenas”. Ninguno de ellos volvió a preguntar nada. Cruzaron miradas cómplices y agacharon la cabeza con tristeza.
Pasaron tres semanas hasta que apareció el cuerpo del abuelo flotando a orillas del mar. Toda idea de sirenas, gnomos, hechiceros y dragones dejaron de tener sentido para mí desde ese instante. No podía más que pensar que había sido víctima de sus alocadas supersticiones y que a mí no iba a ocurrirme lo mismo. Con tan sólo doce años y pocos ahorros compré una nueva barca y me uní a los pescadores en sus largas noches de pérdida en un inmenso mar negro, bajo un manto de estrellas y la luna sobre sus cabezas.
Ahora siento como se avecina viento de tormenta, puedo olerlo en el aire. Creo que será mejor que me acerque hasta la orilla. Por si acaso.



Lástima que sea un anuncio.

sábado, 23 de junio de 2007

ROLLING STONES



El verano llegaba a las 21:06 el dia 21 de junio, y era justo esa hora en la que Juli y yo entrábamos en el estadio olímpico de Barcelona para ver en directo a los más grandes de la historia del rock. Durante la larga espera (aunque en realidad no lo era tanto), fuimos cogiendo posición hasta quedarnos pegados a la valla de la pasarela central. Seguro que en algún momento pasarían muy, muy cerquita de nosotros. Ese lugar nos permitía visibilidad y un poco de aire fresco que siempre es de agradecer. Las gradas no estaban llenas del todo, pero también es cierto que nosotros teníamos entrada para grada y nos fuimos directos abajo, con la plebe. ¿Quién coño quiere sentarse en un concierto de los Rolling Stones?

Las primeras canciones tuvieron garra, pero parecía que Keith todavía sentía los efectos de la morfina. No fue hasta la tercera-cuarta canción, cuando empezó a espabilarse y dar los guitarrazos donde devía con su telecaster amarillo-crema. Más de uno quería arrancársela de las manos y ponerse a tocar él (¿verdad Juli?).

Empezaron con su emblemático start me up y sólo se permitieron dos baladas en las dos horas que duró el concierto, una de ellas, la cantó Keith Richards, que fue el gran ovacionado de la noche. El público no le dejaba hablar ni continuar con el show, así que se cantó un par de temitas. Por cierto Keith, ¿te han dicho alguna vez que tocas muy bien la guitarra?

A partir de ahí la cosa fue cada vez a más. Fue en el Mis you, cuando el ecenario móvil se dispuso a defilar por la pasarela. Sí, sí, por esa pasarela a la que Juli y yo estábamos tan bien agarrados y pudimos verles a menos de metro y medio sobre nuestras cabezas. Los contorneos de Mick siguen sin tener desperdicio, si no le veías las arrugas, seguía pareciendo un chavalín de nuestra quinta, y lo admiro. Me puse, me puse un montón, y si de algo me arrepiento es de no haberme quitado las bragas en ese momento para lanzárselas al escenario. ¡Puro Rock&Roll! A la vuelta al escenario, con el Honky Tonk woman, Keith nos dedicó una mirada y un guitarrazo a Juli y a mí. Pensó "me gusta tu calva y tu gorrito" (yo era la del gorrito).

Suerte tienen de Charlie Watts y de Ron Wood, que aunque más desapercibidos, se llevaron todos los golpes certeros. A Mick, con verle contornearse y pegar unos cantes, para qué pedirle más, pero a Keith, aunque el más entrañable, se le olvidó sacarse la goma del brazo.

fueron dos horas inolvidables en un paradisíaco infierno por el que volvería a pagar los 70 euros que me costó la entrada las veces que hiciera falta.

¡Larga vida a los Rolling y larga vida al Rock&Roll!

jueves, 21 de junio de 2007

MATARÓ



Ésta es nuestra ciuda. Una ciudad enferma y llena de tristezas tras las cabezas bajas de los deambulantes. Un lugar del que nadie escapa porque cuando lo hace, lo hecha de menos. Aquí estamos acostumbrados a querernos entre nosotros porque no hay una jodida cosa que nos haga amar a las manos que la desedifican.

Pero a nuestros amigos siempre nos los cruzamos por la calle. Odiamos los muros, pero no podemos vivir sin nuestra gente. Odiamos la política que no se lleva a cavo i odiamos las mentes pensantes que sólo miran por sus bolsillos, pero eso nos hace fuertes, y hacerse fuerte es una gran adicción. Quiero la guerra, quiero que se libre una gran batalla i que consigamos cambiar nuestro mundo. Vivimos en una ciudad que muere y sólo nosotros podemos cambiar eso. A ellos no les gustan los colores, no les gusta vernos felices, ni que cantemos, ni que pintemos nuestras fachadas si no es con los colores acordados por convenio, no les gusta que tengamos mentes creativas ni que critiquemos su falta de trabajo, su monotemática para destruir nuestros sueños y construir sus parcelas de demonios de Lynch.

Pero esta vez os invito a que pensemos por nosotros mismos y a que les encaremos porque eso es algo que los hombres de gris no soportan que hagamos. Para hacer la guerra no hace falta ser mucho. Tenemos cerebritos que crean nuevas imàgenes y proyectan, tenemos manos que construyen cosas bonitas, voces que gritan aquello que elegimos, pies que caminan hacia nuevos futuros y corazones que laten con gran intensidad si les dejamos desbocar. Nuestras vidas dependen sólo de nosotros, y sí amigos, podemos cambiar todo aquello que nos espera. Podemos cambiar nuestros trabajos, nuestros bares, nuestros sueños, nuestro modus vivendis (hipotecas, matrimonio, hijos, dinero en nuestra libreta de ahorros, OT...), podemos incluso apagar nuestros televisores y que ya no nos preocupe lo que ellos eligen que nos tiene que preocupar, podemos construinos nuestra propia burbuja y hacerla real, tan real como todas esas cosas tan serias que nos hacen marear las cabezas sólo porque a ellos les gusta que nuestras cabezas sufran por todo aquello que nunca, de forma natural, hubiera ocupado un sólo segundo de nuestro pensamiento.

Esto es Mataró amigos, Mataró va dejando de ser ellos, porque una vez te has ido, te das cuenta que Mataró sólo somos nosotros y la sangre que corre por nuestras venas.